RADAR POLÍTICO

20 julio, 2021

EL ESTADIO HIDALGO Y EL PROYECTO ESMERALDA

Joel Sánchez Rodríguez

@JoelSanRadar

El Grupo Pachuca, entidad empresarial de carácter privado que integra entre sus unidades o negocios a la Promotora del Club de Futbol Pachuca, anunció por medio de un comunicado de prensa, que “a través de la Sociedad Fiera-Capital” y como una “decisión estratégica en el futuro del Club León y la institución que representa”, han comprado el Estadio León, el Nou Camp.

“Este importante esfuerzo económico se suma a la inversión que el Grupo está haciendo en la consolidación deportiva del equipo, la construcción de La Esmeralda, y otros proyectos encaminados a desarrollar el talento y progreso de la juventud leonesa”, dice el comunicado, en el cual se omiten detalles de la operación, que finalmente es un asunto de particulares.

Sin embargo lo ocurrido allá en donde “la vida no vale nada”, llama la atención en Hidalgo, en virtud de que para nadie es desconocido que la promotora surgida en esta entidad hace 26 años –según la escritura 52604-; nació y creció al amparo del poder político y económico del gobierno del estado, concretamente de las administraciones de los ex-gobernadores Jesús Murillo Karam y Manuel Ángel Núñez Soto; les limitaron los apoyos en el gobierno de Miguel Ángel Osorio Chong y después volvieron a ser favorecidos gracias al fanatismo que el futbol despierta en José Francisco Olvera Ruiz.

Pero mientras en León, Guanajuato; invierten miles de millones en un estadio y en Lagos de Moreno, Jalisco; construyen con una multimillonaria inversión el proyecto Esmeralda, su nueva Casa Club y una (otra) Universidad del Futbol, en Pachuca siguen utilizando como si fuera propio, el Estadio Hidalgo que en realidad es propiedad del Gobierno del Estado y, por si fuera poco lo hacen a título gratuito, gracias a un contrato de comodato por tiempo indefinido.

Los tuzos controlan el estadio desde que se construyó en 1992, de inmediato se les dio la posesión, pero el 1 de abril de 1999, día en el que iniciaba su gestión Manuel Ángel Núñez Soto como gobernador, el entonces secretario de Finanzas, Dario Pérez González; el oficial mayor, Alfredo Tovar Gómez; el director de Bienes Muebles e Inmuebles, Héctor Martín Cruz Bautista y el coordinador general jurídico, José Francisco Olvera Ruiz, les firmaron el comodato con el que les regalaban de facto el estadio, al darles el “uso y goce” del predio que comprende y una superficie de 104,971.00 metros cuadrados.

El clausulado establece que el contrato es por tiempo indefinido mientras el club tenga su sede en Pachuca y faculta a la promotora para otorgar el inmueble en comodato o arrendamiento a un tercero, obligándola a entregar a “El Estado” un informe mensual de ingresos, obligación que hasta la fecha no se cumple, pues en ninguna de las dependencias citadas existe evidencia o constancia alguna, mucho menos algún recibo oficial de la Administración de Rentas como la estipula la clausula cuarta.

Por si fuera poco, la novena clausula obliga a la promotora a “cubrir en forma total los gastos que genere el inmueble comodatado, por el consumo de servicios públicos (energía eléctrica, teléfono y agua)”; pero el contrato de servicio número 51321 que el estadio tiene como usuario ante la Comisión de Agua y Alcantarillado de Sistemas Intermunicipales (CAASIM), ha llegado a acumular 100 (cien) recibos vencidos, como lo confirma el oficio No. DAJ-923-11/2017 de la Dirección de Asuntos Jurídicos.

Pero eso sí, mientras aquí en Hidalgo no se les toca ni con el pétalo de un recibo y tienen estadio gratis; en Guanajuato y Jalisco invierten miles y miles de millones para construir un negocio similar al que en Pachuca lograron con los favores desde el poder.

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