Joel Sánchez Rodríguez
Mineral del Chico, Hgo.- Infinita sería la lista de ejemplos que han dado muestra de que en una amplia fracción de los sacerdotes católicos, su vocación que en teoría se enfoca al servicio a Dios y a los hombres, se ha pervertido de modo tal, que no son (somos) pocos los que piensan que muchos de los clérigos son católicos por conveniencia, pero que su verdadero Dios es el dinero.
Y viene a colación, porque en los últimos días, de manera anónima un hombre cuya identidad nos reservamos para evitar que se generen represalias en su contra, y quien afirma ser habitante de la Comunidad de Benito Juárez, en el municipio de Mineral del Chico, hizo llegar a esta y otras redacciones, copia de una carta dirigida al Arzobispo Domingo Díaz Martínez, expresándole su deseo de que los cuestionamientos formulados a través de su texto se difundieran a través del programa “Pregúntale a tú Arzobispo”, lo cual seguramente no ocurrió.
Y es que el feligrés cuestiona si es justo o no, que se cobre 750 pesos por brindar sacramentos como la comunión y la confirmación, en una ceremonia en la que participan más de 65 niños, lo que representa un ingreso para la iglesia de casi 50 mil pesos, sabiendo de la difícil situación económica que vive el país, la que califica como precaria, de carencias mayores y opina con sobrada razón, que si bien hay gastos en las iglesias, estos no justifican tan elevados costos.
Obvio, advierte de que muchas personas prefieren alejarse de la iglesia a causa de esos cobros indebidos y abusivos, cita que en Benito Juárez hay mas protestantes que católicos y que los responsables de la pequeña iglesia solo se preocupan por cobrar lo más que se pueda, por lo que incluso han pedido el apoyo del responsable del coro, pero ni siquiera a él le hacen caso.
Pero hay algo más, el quejoso, justifica el no revelar su nombre ante el temor de que a sus hijos le nieguen los sacramentos, lo que significa que para él y su familia es importante cumplir con esos mandamientos para estar cerca de Dios, pero al mismo tiempo confirma que solo se puede acceder a los servicios religiosos mediante el pago como condición única para ello.
Incluso menciona que el arzobispo Diaz Martinez, no solo no dio respuesta a su carta, sino que lejos de asumir alguna medida al respecto, avaló los cobros, respaldó el derroche económico que realizó la iglesia con motivo de les festividad y señala que por que el Espíritu de Dios así se lo pide, hace saber que algunas familias no recibieron el sacramento, como si los sacramentos se vendieran, lo que deja muy claro el pobre papel que el catolicismo cumple en la comunidad y hace más que evidentes los abusos que se cometen al amparo de la sotana, lucrando con la fe, en vez de cumplir la encomienda que se les ha conferido.
La carta como era de esperarse, no se transmitió por el programa del arzobispo, como lo solicitó el feligres, tampoco tuvo resultado alguno en favor de la grey católica, el presbítero ni siquiera le respondió, lo que resulta muy lamentable, pues la actitud de los sacerdotes de Mineral del Chico, así como los de otros lugares, no es una conducta cristiana, se alejan de la fe porque ven su oficio como un negocio, no como la oportunidad de servir, de fomentar los valores y el amor entre los integrantes de su feligresía.
En el escrito, el quejoso hace mención de una serie de gestiones que realizó ante diversos personajes de su comunidad católica para tratar de revertir esa disposición abusiva de cobrar 750 pesos como un precio exagerado a cada uno de los que participaron en la ceremonia efectuada el 14 de mayo, habla de las represiones que sufrieron algunos de los que intentaron interceder por ellos y retrata de manera muy puntual el cómo el verdadero interés de los párrocos está en el obtener dinero, el más que se pueda, a un a costa de que el catolicismo pierda cada día más creyentes.
Ese es un ejemplo del lucro con la fe, pero lo más grave es que también es muestra de la pérdida de valores aun entre quienes dicen buscar el bien común, pero que lo único que hacen es el buscar una ganancia de manera indebida, abusiva y por lo tanto inmoral.
Lamentablemente no es el único caso, en la mayoría de las iglesias se condiciona la realización de ceremonias al pago de cuotas “voluntarias” de manera excesiva, las misas tienen un costo; en algunas parroquias como La Villita en Pachuca, el alumbrado se cobra aparte y en casi todos lados, salvo algunas excepciones, también se debe pagar por bautismo, bodas, XV años, confirmaciones, primeras comuniones, etcétera, como un signo de la descomposición de la misma iglesia, la que hay que reconocer tiene mucho de positivo, aunque se presenten estas situaciones.
Seria benéfico para su iglesia, que el arzobispo Domingo Diaz Martínez asuma una política de mayor flexibilidad económica ante quienes no puedan pagar por sus servicios; quienes quieran una ceremonia especial, exclusiva, que en vez que cumplir con su fe católica haga la función de satisfacer su ego, que pague por ella, pues la iglesia requiere también de recursos, pero no se vale que en comunidades rurales, de una economía precaria y de grandes necesidades como lo es Benito Juárez en Mineral del Chico, se lucre tanto como en el caso citado.
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