Lic. Joel Sánchez Rodríguez
Como todos los años, este 3 de mayo se conmemoró el “Día Internacional de la Libertad de Prensa” y al igual que en años anteriores, en este 2008 no hubo nada que festejar, en México como en el resto del mundo, la Libertad de Expresión, derecho de todos y no nada más de los periodistas, sobrevive en medio de una permanente amenaza, ante la represión, la intimidación, censura, autocensura y la represión, que es el pan diario de la mayoría de los comunicadores.
Desgraciadamente, Hidalgo no es la excepción. Y si bien en la entidad hidalguense los comunicadores no han sido víctimas en los últimos años y meses de agresiones severas, graves, en las recientes semanas y días, se han vivido aquí, tres sucesos que, quizás no puedan ser calificadas como ataques a la libertad de expresión, pero sí como signo de una enorme intolerancia hacía la labor de quienes formamos parte de los diferentes medios de comunicación en el estado.
Tan reprobable es la agresión como la intolerancia, porque ambas representan una amenaza para el libre ejercicio periodístico, los tres hechos registrados no solo deben el no repetirse, sino ser objeto de investigación y castigo para los responsables, pues de ninguna manera se justifica lo ocurrido.
El primero de los casos se registró el lunes 28 de abril en la sierra Otomí-Tepehua, cuando dos reporteros de diario Unomásuno-Hidalgo, cumpliendo con su labor informativa daban cobertura a un evento de festejo por el Día del Niño y un reportero gráfico captó fotografías del momento en que estudiantes de las preparatorias 1 y 3 de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, ingerían bebidas alcohólicas a bordo de un autobús oficial, lo que originó el coraje de los alumnos sorprendidos y que ello derivara en una agresión y vejación hacia nuestro compañero.
De acuerdo a los testimonios recabados, los “estudiantes” alentados por su dirigente Rubén Villafuerte y presuntamente con el aval del director de Vinculación y Extensión Universitaria, Antonio Mota Rojas, despojaron de manera violenta al reportero gráfico y su compañera, de sus instrumentos de trabajo, mochilas y una grabadora, dañaron una cámara fotográfica y robaron una memoria que almacenaba el material, además de obligar al fotógrafo a desnudarse y propinar algunos golpes y jaloneos a la reportera.
El segundo caso de intolerancia se suscitó en el municipio de Tula de Allende, donde nuestra compañera Marlene Godínez Pineda, gerente general del periódico Nueva Imagen, fue objeto de violencia verbal y maltratos por parte del señor Hugo Vilchis Guerrero, entonces Director de Obras Públicas del Ayuntamiento, quien de manera grosera y arbitraria, corrió a la comunicadora de una oficina pública, negándose a otorgar una entrevista, cuando el sujeto ese se desempeñaba todavía como servidor público.
Por si fuera poco, días después en el mismo municipio, reporteros y camarógrafos del canal de televisión local por cable de Tula, fueron atacados por seudoestudiantes de la preparatoria federal por cooperación “Profesora Sara Robert”, cuando los elementos de prensa captaban escenas de la forma en que los jóvenes –alrededor de 200-, agredían con botellas y huevos a un grupo de policías municipales, “por pura diversión”, además de que también los uniformados pretendieron despojar a los comunicadores de su equipo de trabajo para evitar que quedara testimonio de la situación.
Por la gravedad que representan estos hechos de intolerancia, agresión y amenazas hacia los comunicadores, desde estas líneas condenamos la actitud de “estudiantes”, policías y el ex-funcionario de Tula de Allende, para quienes debe aplicarse una sanción ejemplar, pues sus actos no nada más empeñan una “celebración” como el Día Internacional de la Libertad de Prensa, sino que atenta en contra de uno de los derechos más elementales de la sociedad que es la Libertad de Expresión.
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